CONSAGRADOS AL SEÑOR. 1.992

Miércoles, 3 de julio de 2019

¿Qué cosas importantes no se nos dijo desde que comenzara este acontecimiento inesperado?

¿Qué pudo quedar oculto, que no supimos advertir?

¿No hemos aprendido en tantos años que desde el comienzo se nos dijo “Vivid la Palabra con espíritu de niños”?

Primera lectura

Lectura de la carta a los Efesios (2,19-22):

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

Palabra de Dios

¿No entendimos del todo que lo de “todos en el mismo barco con los gozos y fracasos” se nos dijo para hacerlo y vivirlo  infinitamente más allá de nosotros?

Salmo

Sal 116

R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Nuestra mejor respuesta y alabanza, la Misericordia entre nosotros, ¿no debió ser la de corresponder a lo recibido y poner lo mucho bueno que todos tenemos en hacerlo realidad?

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,24-29):

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Palabra del Señor

Hoy la Palabra de Dios nos dice:

1.992, CONSAGRADOS AL SEÑOR

La primera gran reflexión conjunta convocada por las circunstancias en Pueblo de Dios se tituló “Fin o Comienzo”, y la vivimos a finales de 1.992. Tuvimos cuarenta días de desierto en la residencia habitual de cada uno, a la que todos nos marchamos a reflexionar si lo que hacíamos en “Tu Tierra” daba razón a las inquietudes que nos llevó a dejarlo todo y dedicarnos a lo que de Dios sentíamos.

El resultado final hizo que todos -absolutamente todos – volviéramos. Entre todos se descubrió que Dios nos pedía consagrarnos como “Pueblo consagrado”. ¿Qué decimos hoy ante esta resolución de todos

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

Después de una expresión sin lugar a la duda como esta, nos sentimos provocados a preguntarnos, yo ¿creo? Y de no tener claridad en la respuesta, cuestionarnos nuevamente, ¿por qué siento y me muestro ser seguidor de Jesús, cuando mi respuesta no trata de responder justamente a lo recibido? ¿Qué es lo que no sabemos? ¿Por qué no nos disponemos a ayudarnos, si lo más real y evidente es que lo hemos de realizar entre todos?

Últimamente hemos leído a alguien que hablaba de este tipo de preguntas y cuestionamientos, y sostenía que para garantizar mínimamente la certeza de nuestras respuestas al Proyecto que entendemos y anhelamos, debíamos recordar y tener en cuenta que la Iglesia debe saber que ha de ser profética, debía olvidar el carácter religioso al que la habíamos sometido, y posponer y traspasar lo entendido en el Concilio Vaticano II, al que todos reconocemos que no hemos respondido fielmente. ¿Acaso en su momento, San Pablo escribió a su discípulo Timoteo advirtiéndole que esta situación ya estaba entre nosotros y no sabíamos cambiar tan dura circunstancia 2Tim 4, 1-5?

Los ejercicios espirituales que queremos preparar en “Tu Tierra”, así como la Misión Joven anunciada, entendemos que debieran tratar estos hechos ocurridos a lo largo de nuestra historia de historias. Pidamos al Señor que nos ayude.

¿Seguiremos buscando “a la deriva”, sin tratar de llegar al fondo de nuestras raíces, y no ofrecer a la Iglesia la rica fuente que nos ha alimentado desde tantos años?

 

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