PERDIDO Y A LA DERIVA

PERDIDO Y A LA DERIVA

Tratar de seguir a Jesús de Nazareth, conlleva un proceso personal variopinto que depende de muchas cosas que no se conocen, todas en función de la forma de ser de la persona, sus talentos y maneras de interpretarlas. Todas ellas se condicionan, a veces se contrarían, e incluso tratan de anularse. Ello encierra momentos en los que su contrariedad desdice la hondura de lo que el Espíritu busca y quiere de cada uno. Dios sabe de su complementariedad que, aún sin entenderlo puntualmente, en el tiempo oportuno querido por ÉL se comprenderá, y en todo veremos Su Providencia, Lucas 12, 49-53. . De ahí la insistencia a la oración, a rezarla y “predicarla a tiempo y a destiempo”.

Sobre 1.996, esta “Historia de historias” que, como hemos dicho siempre,  trató de estar abierta a lo inesperado, Brotes de Olivo cantó en aquellos momentos este tema:

La Nueva Humanidad la gestan hombres nuevos, sin “nuevos nicodemos” jamás existirá, podremos dar al mundo palabras de consuelo, más a  los corazones nunca les llegará.

El Plan de Nuestro Dios irá a la deriva por tiempo ilimitado que no tendrá final, recemos con el alma al Padre de la Vida que envíe “hombres nuevos” que lo hagan realidad.

¿Quienes serán esos hombres nuevos, que dicen con sus vidas que puede ser verdad? ¿Quienes, de aquí comienzan la tarea de hacer de –de todo el mundo – la  Nueva Humanidad.

La Nueva Humanidad nos trae, de Dios, Justicia, su Celo y su Perdón,  su Amor y su Verdad; en tantos éstos no existan no llegará la Vida que trae el Padre Nuestro y su Fraternidad.

El cambio radical que se nos propone, origina tal cambio de raíz que necesita de hombres nuevos que descubran “lo bueno, agradable y perfecto de Dios” Rom 12, 1-2, sin el cual no se dará la Vida sin la cual jamás podremos vivir lo que quiere de nosotros. ¿Quienes serán esos hombres y mujeres? Advertirlo es un proceso de años que hace imposible reconocerlo de una vez, y produce en el seguidor una lucha que llega a hacerlo sentir perdido, y como consecuencia perdido y hacerle dudar de si le siguió fielmente… ¿Quién dijo que hacer la Voluntad de Dios fuese fácil?¿Puede pedirnos el Señor algo para lo que no nos dé posibilidades de alcanzarlo, que nos dice que el Señor nos hará padecer?

  • De hacerlo, lo realizamos en la Iglesia todos juntos, y su realización ha de ser entre todos examinando constantemente sus gozos y fracasos y dar razón permanente de la Paz en sus corazones. Con las noticias que damos a continuación, ¿qué sabemos? ¿Qué nos importa? ¿Cómo actuamos ante ellas? La Iglesia en su  totalidad, ¿qué hacemos para que sea referencia “en la tierra como en el cielo?
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