SANTA Y FELIZ RESURRECCIÓN CON TODA LA HUMANIDAD

LOCURA

¿Puede acaso enamorarme esa cruz, esa locura,

puede dar luz a mis ojos el móvil de tu tortura?

¿Qué puedo sentir en mi al contemplar “Tu Tragedia”,

si sé que viniste a amarme y te clavó “mi miseria”?

 

¿Cómo te ven mis pupilas, cómo, experimentar gozo,

si no es viendo el Amor que veo en tus despojos?

¿Qué hacer para no olvidar, más allá de tu figura,

la entraña que te llevó a vivir tan “Gran Locura”?

En la noche : Santa Vigilia Pascual

Libro del Exodo 14,15-31.15,1a. 
Después el Señor dijo a Moisés: “¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha.
Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie.
Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros.
Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.
El Angel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos.
Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.
El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”.
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar.
Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó.
Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar,
y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

Libro del Exodo 15,1b-2.3-4.5-6.17-18. 
«Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

El Señor es un guerrero,
su nombre es “Señor”.
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo.

Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!»

Carta de San Pablo a los Romanos 6,3-11. 
Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte?
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.
Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado.
Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él.
Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios.
Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Evangelio según San Marcos 16,1-7. 
Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús.
A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro.
Y decían entre ellas: “¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”.
Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande.
Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas,
pero él les dijo: “No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto.
Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se lo había dicho”.

______________________________________________________________________

Hago el universo nuevo (Ap 21,5)

Santa y feliz resurrección con toda la humanidad

 

¿Quién puede entender la Palabra?

 

Viernes Santo de la Pasión del Señor

Libro de Isaías 52,13-15.53,1-12. 
Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. 
Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor?
El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos.
Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada.
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencia, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado.
El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.
Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.
Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo.
Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca.
El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.
A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables.

Salmo 31(30),2.6.12-13.15-16.17.25. 
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Líbrame, por tu justicia;
Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.
Como un muerto, he caído en el olvido,

me he convertido en una cosa inútil.
Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen.
Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Sean fuertes y valerosos,

todos los que esperan en el Señor.

Carta a los Hebreos 4,14-16.5,7-9. 
Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe.
Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.
El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,

Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42. 
Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos.
Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia.
Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas.
Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: “¿A quién buscan?”.
Le respondieron: “A Jesús, el Nazareno”. El les dijo: “Soy yo”. Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos.
Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra.
Les preguntó nuevamente: “¿A quién buscan?”. Le dijeron: “A Jesús, el Nazareno”.
Jesús repitió: “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejEn que estos se vayan”.
Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”.
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco.
Jesús dijo a Simón Pedro: “Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”.
El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron.
Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año.
Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”.
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice,
mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.
La portera dijo entonces a Pedro: “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”. El le respondió: “No lo soy”.
Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego.
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza.
Jesús le respondió: “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto.
¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.
Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”.
Jesús le respondió: “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”.
Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás.
Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”. El lo negó y dijo: “No lo soy”.
Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: “¿Acaso no te vi con él en la huerta?”.
Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.
Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua.
Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: “¿Qué acusación traen contra este hombre?”. Ellos respondieron:
“Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.
Pilato les dijo: “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen”. Los judíos le dijeron: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”.
Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir.
Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
Jesús le respondió: “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.
Pilato replicó: “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.
Jesús respondió: “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.
Pilato le dijo: “¿Entonces tú eres rey?”. Jesús respondió: “Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.
Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?”. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo.
Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”.
Ellos comenzaron a gritar, diciendo: “¡A él no, a Barrabás!”. Barrabás era un bandido.
Pilato mandó entonces azotar a Jesús.
Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo,
y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los judíos!”, y lo abofeteaban.
Pilato volvió a salir y les dijo: “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”.
Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre!”.
Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”.
Los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”.
Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía.
Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le respondió nada.
Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.
Jesús le respondió: ” Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.
Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”.
Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”.
Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tienen a su rey”.
Ellos vociferaban: “¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey?”. Los sumos sacerdotes respondieron: “No tenemos otro rey que el César”.
Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.
Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”.
Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio.
Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la hizo poner sobre la cruz.
Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego.
Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’.
Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”.
Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo,
se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”. Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.
Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.
Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.
Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos.
Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús -pero secretamente, por temor a los judíos- pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.
Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.
Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.
Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

______________________________________________________________________

Hoy, la Palabra, la humanidad, los pobres, las injusticias que sufren y nuestras actitudes ante sus situaciones nos cuestionan,

¿Quién puede entender la Palabra? Este es el barco en el que muchos quieren alcanzar la Nueva Humanidad. Por ello  

  • El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos.
  • A causa de tantas fatigas, Él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.

Ante esta veracidad, nosotros dijimos

  • «Tú eres mi Dios,
    mi destino está en tus manos.»
  • Permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe.
  • Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: “¿A quién buscan?”.
    Le respondieron: “A Jesús, el Nazareno”. El les dijo: “Soy yo”.

Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tienen a su rey”.
Ellos vociferaban: “¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!”.

¿Qué decimos nosotros?

¿Qué decimos, qué sabemos, cual es nuestra respuesta?

La Palabra que rezamos cada día, hoy se nos adelanta, y nos pregunta

 

Dios sigue escribiendo “Su Historia” en el tiempo y en personas que dieron sus vidas de maneras imposibles de entender en este mundo que nos ha tocado vivir, ¿Qué ve ese mundo en nosotros?

 

Sabemos que Tú nos darás cuanto necesitamos, y que nuestra muerte al mundo le traerá a muchos la Vida que Tú quieres para toda la Humanidad.

 

 

 

 

En Jueves Santo 1954, se inició un plan inesperado

ASÍ FUE EL SOPLO DE LA VIDA A TRAVÉS DEL ESPÍRITU QUE RECIBIMOS EN CADA PASCUA. Así comenzó todo lo que globalmente nos transmitieron estos años que, como el paralítico de la piscina probática, espera que el hombre actúe con conciencia universal y se salve A SI MISMO como DIOS-DE-LA-TIERRA.

 En esta “Historia de historias”, ¿cual será el año en el que se rezará la trascendencia universal de todo lo que en tantos años se nos ha regalado?  Año tras año, así nos fue llamando Dios.

¡Vente a la montaña! Ven a Recorrer el Amor de Un hombre que va a morir, de cuya muerte, somos Protagonistas Todos. Vamos a tener una Meditación ante la Cruz en la que el mundo está clavado, ¿Lo resucitas tú? Si lo hacemos por separado, En Soledad morimos, más, si lo hacemos juntos, En Comunidad Resucitamos.

Ante lo que ocurre en este sufriente mundo, todos hemos de preguntarnos… ¿Está muriendo el Espíritu? Hagámonos un firme propósito, ¡Caminemos a la Luz!, para Resucitar con ÉL. Hacerlo  implica ir más allá, Cruzar la Vida,  solo posible si nos disponemos a Pisar su mismo Paso.

Para ello hemos de dar Guerra a la vida que vivimos y tenemos planteada. Si lo hacemos Con-Pasión, veremos cómo lo que nos parece bueno según lo entendemos para  nosotros, comprenderemos que Dios lo hará Nuevo para Todos.

 Ante esta proposición, examínalo y Haz lo que quieras. Se trata, no de quedarnos en lo distinto y difícil que se nos propone, sino ir Más allá de la cruz. Hay caminos por andar. El que sea de Dios aparecerá Como un Fruto, que nos mostrará que es posible en la Tierra como en el Cielo. Levantémonos de donde estamos y digamos en lo más íntimo: iré a mi Padre. Concienciémonos y diferenciemos la Eu-Carestía que mantenemos del valor y la trascendencia de la Eucaristía Viva, la cual, si participamos de ella en lo que es y supone nos mostrará y entenderemos con fidelidad y gozo Lo que hemos visto y oído.

Y todo aquello que aparece incomprensible, molesto y difícil siempre nos hará comprender que La Cruz es la Profecía del Reino. Y que el Reino solo se construirá cuando tengamos Pasión por el Todo de la Palabra de Dios, cuando en nuestro interior exista la actitud e intención permanente de estar Subiendo al Sur porque solo en el Sur encontraremos y entenderemos cual es nuestra única Raíz,  de la que hemos de alimentaros quienes queremos construir el Reino en la tierra. Éste, no se dará en tanto, quienes Le seguimos – juntos y confiados – no seamos y obremos como Dios de la Tierra, sintiéndonos todos Una sola Tierra y un solo Corazón.

No llegaremos a sentirlo según la voluntad de Dios en tanto no construyamos el Mensaje, gracias al descubrimiento convencido de hacerlo entre todos, y que ello nos llevará a perdonar Setenta veces siete, porque cada día, entre todos, damos razón de que Dios Todo lo hace Nuevo, poniéndonos en cada ocasión A tiro de la Vida Nueva, gracias a que nuestra existencia, nuestro pan y plan de cada día, se orienta bebiendo en toda ocasión Desde tu Fuente. Esta pascua nos llevó a consolidarnos hasta anhelar SER, y con ello constatar y consolidar que Todo lo mío es tuyo.

Como consecuencia inevitable, ¿cuál es el resultado de ese compartir, que es cómo únicamente puedo celebrarlo? Contigo,  con conciencia de Servir para Unir.

Y después del inmenso Mensaje transmitido a través de tantos años, ¿cómo hacer una verdadera lectura que se corresponda con todo lo recibido, si no sabemos y vivimos todos juntos con “Una sola alma  y un solo corazón”?  

Por Pura Gracia de Dios, las Pascuas vividas han ido buscando, profundizando y llamándonos a despojarnos de la cruz, tan difícil de entender, y vivirla dando razón íntima de desvelar las sombras que no nos permiten contemplar las injusticias que todos cometemos, y las que apreciamos en los demás sin llegar a creer que en todas ellas participamos todos. ¿Qué nos falta para tratar de saber lo que Dios quiso transmitir en este pequeño pasaje dentro de la Historia de la Salvación, que nadie programó, que apareció como un signo distinto dentro de una Iglesia en la que para ser fieles al espíritu de cada necesidad urgente que aparecía, todo se garantizaba a través de reglas y constituciones, y en esta ocasión irrumpía violentando lo establecido, y al mismo tiempo urgiéndonos y gritándonos: “Buscad el Espíritu en todo en todos, sonreid y sed UNO en los gozos y fracasos hasta alcanzarlo, pero hacedlo sin coacción, ni sometimiento ni siquiera invitación… Esto supuso una locura, y continúa siéndolo… no desde nuestro entendimiento de la libertad, que cada quién lo entendió a “su manera”, y que en fidelidad a como lo que entendió, produjo una dispersión que nada tenía que ver con la esencia que se nos había dado en el principio…

Si lo contemplamos con Paz y Misericordia, comprenderemos que lo que se nos pidió en el comienzo fue Servir  “desde y en” Libertad para Ser Todos Uno y el mundo crea; esta es la razón de la vida que nos trajo a esta tierra según rogó Jesús al Padre y sea igual que la que se vive en el cielo.

Jueves Santo de la Cena del Señor

Libro del Exodo 12,1-8.11-14. 
El Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:
«Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año.
Digan a toda la comunidad de Israel: “El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia.
Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito.
Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel.
Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman.
Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.
Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.
Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.”»

Salmo 116(115),12-13.15-16bc.17-18. 
¿Con qué pagaré al Señor 
todo el bien que me hizo? 
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.

¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.

Carta I de San Pablo a los Corintios 11,23-26. 
Hermanos:
Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente:
El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan,
dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memora mía”.
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Evangelio según San Juan 13,1-15. 
Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,
se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: “¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?”.
Jesús le respondió: “No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás”.
“No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!”. Jesús le respondió: “Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte”.
“Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!”.
Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos”.
El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: “No todos ustedes están limpios”.
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.
Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.”

______________________________________________________________________

ESORAY, ES TRATAR DE EXPLICAR A DIOS, LO QUE NO SE PUEDE NI SE DEJA EXPLICAR. ES LA IMPOTENCIA HUMANA ANTE LA CUAL NOS ARRODILLAMOS. ESORAY ES NO TENERNOS A NOSOTROS MISMOS.

 

Audiencia: El Triduo Pascual anuncia que “todo ha sido renovado en Cristo”

 

“Jesús transforma nuestra muerte en resurrección”

GRACIAS POR TODO, SEÑOR.

El celo de tu Casa me devora,

En el ecuador de esta semana que “entre todos” hemos de hacerla santa, proponemos orar este decálogo nacido hace años. ¿Lo intentamos? ¿Se nos ocurre decir algo a las 100 personas que entran cada día desde muchos rincones de la tierra? ¿Qué vemos en esta reflexión que la Palabra y la Vida nos hace cada día? ¿En qué nos sentimos identificados? ¿Nos ayudamos todos a todos?

Estamos llamados a ser fuente de Agua que brota para llevar a TODOS la vida eterna. Jn 4,14.

  1. Cree con todas tus fuerzas, que dentro de ti puede nacer un hombre nuevo. Un nuevo SER que vive cada día al calor de la Palabra y los acontecimientos. Jn 3,4.
  1. Cree, sin reservas, en cada hermano y en su estar en guerra personal. Rompe dentro de ti todo esquema, prejuicio y visión vieja que te impiden esperar y amar de forma nueva. Mt 7,1-5.
  1. Todos los acontecimientos (pequeños y grandes), te hablan de la presencia o ausencia de signos del Reino. Pero TODO se convierte en Providencia de Dios, si todo tu corazón, todos tus pensamientos y todo tu SER busca la realización del Proyecto “DIOS-CON-SU-PUEBLO”. Mi 6,33
  1. El hacer es consecuencia del SER. Hay que hacer sabiendo su “por qué”, porque cuando haces sin saber, es porque no eres. Sólo siendo hacemos sin pretenderlo. Mi 7,18.
  1. El hombre se ha alejado de su identidad y ha dado la espalda a la razón por la que nació. Rescata en ti la Palabra, que te hará encontrar tu identidad de SER. Hb 4,12-13.
  1. La comunidad es vivir un mismo deseo, beber cada jornada de las aguas frescas del Evangelio y no de mi tradición o de mis propios dogmas. “Si no somos uno es porque no somos”. Hch. 2,42.
  1. Genera dentro de ti un gran espacio de libertad y de apertura. Un espacio sin condiciones, donde la única garantía sea la no-garantía. Un espacio de encuentro y de relación para el rescate del SER de Dios en tí. 2Cr 3,3.
  1. Rescata dentro de la comunidad el papel profético ejercido desde el silencio y el intento de coherencia. Papel que, en lo oculto, hace suya la vida de todos para “dar vida a lo que muere”. Is 53.
  1. Vive la fuerza y la frescura del Padrenuestro, sin proselitismo de ideas, sin querer amarrar ni conducir a nadie. Vive del riesgo que enamora y no te conviertas en juez de nadie. Mi 6,9-15.
  1. Déjate llevar por la sed profunda que tiene la humanidad rota. Por la crónica y constante sed de Jesús en la cruz, sed una realidad para el Hombre. Sal de tus viejas formas de ser, que se quedaron ensimismadas en un proyecto de autorrealización personal y espiritual. “De nada sirve vivir si a la Vida no se ama”. Jn 19,28.

Pueblo de Dios, 13 de junio de 2.110

Miércoles Santo

Libro de Isaías 50,4-9a. 
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?

Salmo 69(68),8-10.21bcd-22.31.33-34. 
Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:

porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
Y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,

en vano busco un consuelo:
pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.
Así alabaré con cantos el nombre de Dios,

y proclamaré su grandeza dando gracias;
que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres

y no desprecia a sus cautivos.

Evangelio según San Mateo 26,14-25. 
Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”. Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?”.
El respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: ‘El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'”.
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: “¿Seré yo, Señor?”.
El respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”.
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: “¿Seré yo, Maestro?”. “Tú lo has dicho”, le respondió Jesús.

______________________________________________________________________

Así nos hablan hoy la Palabra de Dios y las circunstancias del mundo:

  • El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento.
  • El celo de tu Casa me devora,  y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
     
  • El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”.

 

Así lo asegura el redactor jefe de Vatican News alemán, Bernd Hagenkord

“La publicación parcial de la carta de Benedicto fue consensuada con él”

“Viganò cometió un error, pero no hizo daño a nadie y no se despilfarraron millones de euros”

(Cameron Doody).- “El mismo Benedicto firmó la carta, no manipularon nada. También la publicación parcial fue consensuada [con Ratzinger]”. El redactor jefe de la versión alemana de Vatican News, el jesuita Bernd Hagenkord, ha salido en defensa del ex-Prefecto Dario Viganò, a cuenta del escándalo del ‘lettergate’, y ha sostenido en su blog personal que lejos de haber ocultado nada, Viganò solo publicó las porciones de la carta del Papa emérito que había acordado con él.

Junto a lo expuesto anteriormente, disponemos imágenes, intenciones y temas que nos hagan pensar en qué medida nos anuncian el estado que expresan en torno a la Paz de Dios que necesita nuestra humanidad. Pedimos al Espíritu su Luz, en silencio, y en silencio le pedimos al Señor que nos ayude a todos a ser como ÉL quiere de cada uno.

 

 

 

 

 

 

 

TERE Y LUIS

Leían las lecturas en la celebración dominical de la Parroquia Mayor de San Pedro en Huelva, siendo adolescentes, cuando les conocimos. La lectura que hoy anteponemos manifiesta su papel en esta “Historia en Su Nombre” en la que siempre permanecieron.

“Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel. YO te destino a ser la Luz de las naciones, para que llegue Mi Salvación hasta los confines de la tierra”.

Han pasado setenta años, y aún siguen siendo testigos de presencia y fidelidad a la difícil Vida que Dios les presentó constantemente. Gracias, Tere y Luis.

Martes Santo

Libro de Isaías 49,1-6. 
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
El me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré”.
Pero yo dije: “En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza”. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.
El dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.

Salmo 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15.17. 
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.

Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38. 
Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”.
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.
Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”.
El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”.
Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”.
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.
Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres.
Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’.
Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?”. Jesús le respondió: “A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”.
Pedro le preguntó: “¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”.
Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

______________________________________________________________________

Resonancias de la Palabra de Dios hoy. En lo que junto a lo vivido y las imágenes que ayer recordaron la fidelidad de Dios, así han vibrado después de tantos años.

  • ¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
    El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
    El me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré”.
  • “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.
  • Daremos nuestra vida por Ti”.
  • Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”

El cardenal Aguiar no quiere parroquias que funcionen como “gallineros” ni párrocos “gallitos”

Los cambios planteados por el primado de México se reciben con cierto escepticismo

(Guillermo Gazanini, corresponsal en México).- Desde el 5 de febrero, Carlos Aguiar Retes es arzobispo primado de México. Las expectativas en torno a su nombramiento generaron diversos puntos de vista en relación a una reestructuración de la pastoral y, a la vez, el reordenamiento de las instancias administrativas y económicas de una Arquidiócesis asentada en la ciudad capital de casi nueve millones de habitantes.

… porque TÚ, mi Señor, TÚ vives en mi.

¿Me siento servidor según nos lo propone la Palabra?

Así nos lo describe el Señor

Lunes Santo

Libro de Isaías 42,1-7. 
Así:
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.
El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles.
No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Realizar esta misión en el mundo que vivimos, esta “Historia de historias” nos lo transmitió desde el principio de esta forma, según nos lo dice Gabriela Mistral tan bella y magistralmente:

Para llevar la tarea a cabo, así nos interpela el salmo y el evangelio:

Salmo 27(26),1.2.3.13-14. 
Si el Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.

Evangelio según San Juan 12,1-11. 
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo:
“¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”.
Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: “Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura.
A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”.
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

______________________________________________________________________

.

“Cuando nuestra vida comprende y se enamora de los textos de hoy, y según lo han visto e interpretado algunos en estos años, se llena el mundo de la fragancia de su perfume.”

PARADOJAS QUE INCLUYE EL SERVICIO QUE JESÚS VIVE Y NOS PROPONE ESTE DECÁLOGO, DESCUBIERTO “ENTRE TODOS” CON EL PASO DEL TIEMPO::

1.- Paradoja de la IDENTIDAD: Ser no siendo.
2.- Paradoja del CONOCIMIENTO: Explicar lo inexplicable.
3.- Paradoja de la INCERTIDUMBRE: Lo cierto es lo incierto.
4.- Paradoja del ENTENDIMIENTO: la claridad es lo “No claro”.
5.- Paradoja de la CREATIVIDAD: El “Más de lo mismo” es la novedad.
6.- Paradoja del TIEMPO: El tiempo es atemporal.
7.- Paradoja de la COMUNIÓN: Lo UNO es lo MÚLTIPLE.
8.- Paradoja de la PLANIFICACIÓN: El plan es no tener plan.
9.- Paradoja de la CONCIENCIA: La conciencia es la inconsciencia.
10.- Paradoja de la ESTRUCTURA: La estructura es no tener estructura.
Cada uno de nosotros puede encontrar ejemplos, vivencias, o lo que sea sobre estos enunciados, si Dios quiere, y de ellos pueden salir algunas cosas difíciles de comprender. Así es Dios y así nos lo enseñó Jesús de Nazareth, su Hijo.

En el Vaticano, así comenzó Francisco, y con él miles de fieles, la Semana Santa:

¿Cómo estar convencidos de lo que entraña el mensaje vivo de este tiempo, sumergido en las circunstancias que nos en las que estamos envueltos?

Francisco y el mundo nos recuerdan la oración contemplativa conjunta que hemos de vivir en estos días, y respondamos según cada uno en la medida de sus talentos.

En la cruz que sufren tantos nosotros podemos convertirnos en cireneos que le ayuden a caminar y ver a Dios, como hermanos que somos.

 

Son muchos los obstáculos que hemos de salvar. Por ello Jesús nos recordó aquello de ser como niños para poder realizar lo que en estos días nos propongan las circunstancias de toda la humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.

 

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Libro de Isaías 50,4-7. 
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Salmo 22(21),8-9.17-18a.19-20.23-24. 
Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»

Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11. 
Jesucristo, que era de condición divina,
no consideró esta igualdad con Dios
como algo que debía guardar celosamente:
al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor
y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano,
se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte
y muerte de cruz.

Evangelio según San Marcos 14,1-72.15,1-47. 
“Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?’.
Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi Cuerpo”.

Y decía: “Abba -Padre- todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

“¡Crucifícalo!”.

«Bendito el que viene en nombre del Señor, Dios de Israel» (Jn 12,13)

AMÉN

No entender lo que la Vida nos planteaba suponía una falta de encarnación, y suscitó este canto de imploración a la Esperanza. En el futuro, el recorrido de conciertos nos llevaría a convocar unas convivencias de niños y preadolescentes a los que llamamos “Intercambios de intuiciones de Dios”. En ellos, la razón preferente que nos hizo convocarlos fue la de descubrir qué y cómo vivirían los niños y como consecuencia el mundo, sintiéndose absolutamente en libertad. Tras el “II Intercambio” en Pedro Abad, comenzó una propuesta continua de frutos, proporcionados por los más conscientes que asistían a las convivencias, y en ellas intuían y aportaban el Espíritu que percibían en lo que el tiempo nos haría comprender la misión de esta “Historia de historias”.

Lo vivido últimamente nos ha proporcionado que la generalidad que interviene en estos momentos, advierte un 60% de lo que para él@la supone el contenido que Dios ha señalado como misión a través de quienes dieron y siguen dando lo mejor de sí en favor del mundo y de la Iglesia.

… por pura Gracia, y sin conocimiento programado de nadie, la Buena Noticia de la Palabra sigue llegando de mil y una maneras allí donde nadie sabremos nunca. Es ÉL quién lo ha hecho y lo sigue haciendo. Ha sido un milagro patente, Salmo 117, 23.