La puerta estrecha

¿Más estrecho que una barquilla o una patera? ¡Y cómo, ilegalmente, se Juntan Todos, expuestos y amontonados, abandonando sus tierras de origen… ¿Más estrecho que el barco del “Todos Juntos”?

Ancho es el camino que nos mantiene en la perdidión de estar desentendidos de todo lo que ocurre en la humanidad, y también de los muy cercanos. Estrecha es la puerta que nos lleva a la Vida, porque por ella no se puede pasar “atropelladamente”, sin conciencia universal… Paradójicamente, solo se puede pasar  “Todos Juntos”, pero ayudándonos uno a uno, de los cuales nosotros nos hacemos responsables. Uno a uno sí podemos.

En esta historia, Dios nos podía haber propuesto un trasatlántico, el “Queen Elizabeth”, para que hiciésemos la travesía hasta el puerto que nos quería hacer llegar. Pero nos adelantó el barquito que aparece en este texto, y que está en la capilla de la Comunidad de Pueblo de Dios, siempre a la espera de tener “Nueva Vida”, la que nos propuso, que necesariamente hemos de construír previamente en nuestro corazón.

Gracias, Señor, porque vamos salvando las marejadas y tsunamis, en nuestra travesía a “Tu Gran Mar”: El cielo Nuevo y la Tierra Nueva.

Necesitamos Tu Fuego

 

San Lucas 12,49-53.

Señor. TÚ nos has traído el fuego de Tu Palabra, para recordarnos que toda la tierra ya debiera estar ardiendo. ¿Lo sabemos, lo creemos? ¿Deseamos en Verdad, sin miedos, que tu Fuego ya esté ardiendo tu Palabra en todos? ¿Estamos convencidos que somos nosotros el cerillito que puede provocar Tu Incendio si en “Espiritu y en Verdad” lo provocamos Todos Juntos?

Señor. Necesitamos Tu bautismo, háznoslo entender. ¡Ayúdanos a comprender la Voluntad de Tu Padre, para que se cumpla en nosotros plenamente!

Que tu Paz la vivamos en nuestro corazón, que nuestra única guerra sea la que nos hagamos a nosotros mismos en lo hondo de cada corazón. ¡Ayúdanos a vencernos!

Nuestro Incendio nace de Tu humildad. Descúbrenoslo. Haznos ver que Tu Fuego consume todos los impulsos de este mundo que destruyen al Hombre Nuevo. Tú nos has venido a decir que todos ellos desaparecerán bajo la llama de Tu Espíritu.

El día de hoy

Vivamos hoy como “Una Jornada Sagrada”, en la que Dios va a continuar sorprendiéndonos con lo que nos parece imposible. Lo vemos así porque no somos capaces de creer que en nuestra humanidad “pequeña y pobre” no podemos creer que pueda suceder lo inmenso que Dios nos plantea; en el fondo pensamos que lo que hacemos y nos planteamos depende de nosotros, de nuestras fuerzas, “son cosas nuestras”. No olvidemos que si no ponemos por obra lo que se nos ha confiado, estaremos frustrando y perdiendo la alegría de lo que Dios ha querido de nosotros a favor de toda la humanidad.

Esperemos, maduremos sea cual fuere nuestro momento y nuestra realidad interior zarandeada por las circunstancias. Y pensemos, ¿cómo me sitúo hoy ante la vida? ¿Indiferente a lo que ocurre, encarnado y sintiendo mío todo lo que sucede, porque en los caminos de Dios nada me puede resultar ajeno ni circunstancial?

Según sea nuestra actitud determinamos nuestro destino.

Solo vivimos una vez el “cada día”. El “hoy” no se repetirá. De ahí que “el pan nuestro de cada día”, no lo queremos mañana. Los que entiendan esto, darán razón de que se saben llamados por Dios, aunque no se sientan dignos de estar en “Su Casa”. Y en esa indignidad, sentirán una alegría desbordada e interminable.

Démonos y ofrezcámonos a manos llenas en todo lo que hoy Dios pone en nuestra mente y en nuestro corazón.

Leído y rezado en la oración de hoy

Carta de San Pablo a los Efesios 2,12-22.

Durante años hemos estado ajenos a las alianzas de la Promesa, inconscientes y sin Esperanza.
Pero Cristo Jesús, nos ha acercado. Él es nuestra Paz. Ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro inconsciente que los separaba. Así, con los dos pueblos ha creado un solo Hombre Nuevo en su propia persona. Ha restablecido la Paz, y nos ha reconciliado en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, que se nos ha presentado en las dificultades. Él ha querido proclamar la Buena Noticia a través de un solo pueblo, mostrándolo como “Pesebre de la Paz”, todos en un mismo Espíritu.
En él, no hay extranjeros ni huéspedes, sino buscadores del único Espíritu, constructores de la única familia de Dios.
Hemos recibido una espiritualidad que renueva todo lo desviado u olvidado, cimentado en la piedra angular: Jesucristo, el Hijo de Dios que vino a hacernos a todos UNO.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia y la Paz irán por delante, sobre la huella de sus pasos.

Estemos preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.

¡Felices los servidores que, a la llegada del Señor, les encuentre orando!

Comentario de San Bernardo:  Velad en el Espíritu Santo

Eliseo pidió a Elías la gracia de obtener dos partes de su espíritu 2R 2,9-10. En la historia que Dios ha querido en nosotros, el Espíritu nos ha revelado que nos encuentre a todos envueltos en Él. Es la Comunidad Santa. Debemos estar vigilantes y atentos a la obra de Dios en nosotros, porque el Espíritu Santo realiza continuamente su obra en lo más hondo de cada uno, con una sutileza admirable y sublime delicadeza, para que lo mostremos juntos.
Esta unción nos lo enseña todo. Se trata de tener la mirada siempre al acecho y un gran corazón abierto para recibir esta generosa bendición del Señor.

¿En qué disposición estamos para buscar y encontrar el Espíritu?

Qué es realmente importante para mí

¿Qué es realmente importante para mí? Hoy, Lc 12, 13-21

Uno de la multitud le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.

¿Sería un atrevimiento pensar que Jesús me pregunta hoy, “Amigo, ¿qué has hecho con lo que te he hecho ver que otros no han visto? “Cuídate de toda dificultad o inconsciencia, que tu vida, lo que haces o rehúyes no está asegurado según Yo quiero”.

¿Para qué creo y siento que Dios me ha hecho ver tanto y durante tanto tiempo? ¿Por qué me ha hablado de Comunión Trinitaria, de Anawin, de Encarnación, de santificación de la Comunidad, de búsqueda del Espíritu en Libertad para alcanzar el Todos Juntos? ¿Cómo he interpretado el que nada me resulte ajeno ni circunstancial, de contemplarlo todo como “Providencia” suya, de “Dios de la Tierra”…? ¿Para silenciarlo, almacenarlo y morir en mi “humildad” o mi impotencia, o para que los que no oyeron hablar nunca de tanta riqueza, los muchos que no saben lo que a mí se me ha hecho saber, en adelante lo vean y lo vivan? Qué me corresponde, ¿reconocerlo, enterrarlo, anunciarlo, vivirlo como me ha hecho entender? ¿Debería pensar que puedo morir esta noche y que todo muere conmigo, sin sembrar las semillas que Él me dio, no para mí, sino para todos?

¿En qué me agoto cada día? ¿Siento ajustada mi vida a lo que Dios quiere?

Oración Universal

Señor,

 –           Haz que recuerde a todo hermano que vive en esta tierra. Que hoy, más que nunca refleje lo que tengo de Ti.

–           Que sienta en mi corazón el grito profundo de los que sufren y no viven como personas.

–           Que lo haga con la conciencia de hacerlo y vivirlo en comunidad.

–           Señor ¿Cómo si no, crear, asumir y vivir tu llamada universal para dar signos al mundo de que toda la humanidad la siento en mi alma y en mi corazón?

–           Que anuncie tu Reino y meta dentro de mí a todas las mujeres y hombres, y sea así toda mi vida. Que todos vean el fruto de tu Amor en quienes te seguimos

–          Señor, ¿es una barbaridad que en “El día del Señor” dediquemos un tiempo para recordar a todos los olvidados? ¿Qué mejor y mayor forma de vivir “Tu Día”?

–          Señor, hoy domingo y de madrugada. ¡Qué buen momento, para traer a nuestra alma la espiritualidad recibida en tantos años y en tan apretada vivencia, gracias a tantos!

–         ¿Cómo no traer a la memoria la universalidad de tu Palabra, tan distraída por la generalidad, y que hemos reducido a nuestro servicio y nuestro carisma? ¿Cómo no ver que por nuestra forma de entenderlo, exclusivizamos y desparramamos tu tarea, tu Nombre, tu Cuerpo?

–           Señor,          ¿Cómo olvidar que tus palabras de despedida de este mundo fueron, “Padre, que todos sean Uno para que el mundo crea que Tú me has enviado para que crea en Ti?

Señor, ¿creo en Ti?

Lc 12, 1 – 7

Señor. Qué alegría estar contigo, cuando confío en Ti en toda ocasión: cuando dudo, cuando tengo miedo; en mis pesadillas, al sentir que juzgo y  siento que desconfío, cuando creo estar muriendo, precisamente porque no creo en TI, y es eso lo que me hace sentir que me muero… ¡y siento miedo! ¿Por qué se me olvida que Tú no nos abandonas nunca, por qué me siento abandonado…? Creo que me ocurre porque no creo en tu Palabra, porque no creo en Ti…

Señor, ¡qué alegría cuando siento en algunos momentos que me fío de TI! Y es en esos instantes cuando me pregunto, ¿por qué hay tanta injusticia, desencarnación en el mundo que Tu has creado para todos, y son tantos los que padecen injusticias porque son miles y miles los que no te conocemos? ¿Qué nos robó la sensibilidad que nos hace UNO? Y, ¿por qué no creo ni siquiera yo, que estoy siguiéndote toda mi vida, que pienso que te conozco, pero no te escucho? ¿Qué razón me mueve para hablar de TI con la confianza de creer plenamente en tu Palabra y en tu Vida, si en verdad no me fío porque no creo?

Al hablar de TI sin creer soy como la levadura de los fariseos. ¿Cómo no creer en Ti, a pesar de la radicalidad, firmeza y Amor – con que nos hablas en tu Palabra?

Señor, ¿qué crees que me falta personalmente en mi deseo de estar contigo desde aquel día en que creí que existías?

Señor, manifiéstate.