Los cristianos en el mundo

Los cristianos en el mundo, ¿estamos desempeñando nuestra misión desde el Espíritu y la Verdad de la Palabra?

Dice Jesús de Nazareth,

“Sois la sal de la tierra”. La sal que no sala no sirve, no cumple su papel.

 “Sois la Luz del mundo”. La luz no se esconde. Ha de estar en lo más alto para que alumbre todo aquello que está y vive a obscuras.

Jesús, con estas “luminosas y ricas” sentencias, nos deja entrever que todo lo que está falto de sabor y de luz de Dios en toda la humanidad, nos llama a los cristianos que reconozcan la llamada que nos hace a acercar, llenar, envolver, sumergir… en la Vida de Dios a todos los que no lo hayan visto, y por lo tanto, gozado de Su Amor. Este es nuestro increíble y gozoso compromiso. ¿Lo sentimos en lo que de trascendencia conlleva?

Ante la crisis universal que estamos viviendo, ¿cual es nuestra responsabilidad? No estaría nada mal pensarlo. Que Dios nos ayude a hacerlo desde Su Luz.

¿Cómo oras, cómo escuchas?

En silencio, escucha el tumulto y la confusión que te envuelve. Qué cosas mueven tu vida, ¿es la construcción del Reino, tratas de hacerlo Todos Juntos? Si hay una sola cosa que no sea el Verbo, la Luz, la Vida, DIOS… no puedes escuchar Su Voz, ni Su Espíritu, que está siempre dentro de ti. Si no lo buscas, no lo encuentras, y no lo transmitirás.

Desde tu corazón pacificado, en el momento en que te pones a la escucha de la Palabra, ésta te preside y reina en ti, y Dios vive en ti plenamente. Para orar, es necesario prepararnos. Desde la Palabra y ante las circunstancias del mundo, no podemos permanecer impasibles ni dormir a pierna suelta. No existen “etapas hacia la oración”, sino vivir orando determinadamente, o jamás estaremos en la presencia de Dios.

El corazón ha de estar siempre a la escucha. Ante todos los ruidos, hemos de permanecer en Su Silencio. Así, caminamos bajo la Perfección y la Misericordia, y en la plenitud de nuestra alma, nuestra boca hablará solo de ÉL. Y nos sentimos Todos Juntos, porque – con conciencia – Dios es el tesoro de nuestro corazón.

Todo está preparado en ti para alumbrar. Más, para ser Luz, antes de hablar es necesario escuchar. Solo desde un corazón abierto, Dios habla por nosotros.

Deja brotar lo que hay en tu corazón.

Para recordar siempre y no olvidar nunca

¿Qué conocimiento real tenemos de la tarea a la que Jesús nos llama?

¿Qué papel juega la Palabra de Dios en lo que hacemos?

¿Qué conciencia y trascendencia nos produce saber que hemos de vivir y realizarla Todos Juntos?

¿Reconocemos y nos planteamos cada día que Jesús nos llama para construir en esta tierra el Reino y la Justicia de Su Padre – que es el Nuestro – considerándolo como lo más importante de nuestra vida, por encima de todas nuestras circunstancias?

Y además, ¿recordamos cada mañana cuando rezamos, que toda la humanidad está esperando la manifestación de los hijos de Dios?

Y junto a esto y sea cual fuere nuestra respuesta y circunstancias, ¿sabemos que nada, nada, nada… nos separará del Amor de Dios?

Para hacer pensar y contemplar

San Francisco de Asís. Primera Regla 17

“No soy digno de que vengas a mi casa.” (Lc 7,6)

Por el amor de Dios, suplico a todos los hermanos, los que predican, los que oran, los ,que trabajan con sus manos, que crezcáis en humildad en todo, de no gloriarse vanamente, de encontrar su gozo o enorgullecerse interiormente por las buenas palabras y las buenas acciones que Dios dice o cumple a veces a través vuestro.

Según la palabra del Señor: “No os alegréis que los espíritus se os sometan.” (Lc 10,20) Estad plenamente convencidos: no tenemos nada más que nuestras faltas y pecados. Alegrémonos más bien en las pruebas cuando hemos de soportar, en el cuerpo o en el alma, toda clase de tribulaciones en este mundo por amor de la vida eterna.

Hermanos, guardémonos de todo orgullo y de toda vana gloria. Guardémonos de la sabiduría de este mundo y de la prudencia egoísta. El que es esclavo de sus tendencias egoístas pone mucho interés en preparar discursos, pero pone poco interés en pasar a las obras. Así, en lugar de desear  una santidad exterior bien visible a los ojos de los hombres, buscad la santidad interior del espíritu. De ellos dice el Señor: “Os lo digo en verdad, ya han recibido su paga.” (cf Mt 6,2)

En cambio, aquel que es dócil al espíritu del Señor quiere humillarse por ser egoísta, vil y bajo en esta carne. Se ejercita en la humildad y en la paciencia, en la pura simplicidad y en la paz verdadera del espíritu. Desead siempre y por encima de todo el temor filial de Dios, la sabiduría de Dios y el amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Todo lo ha hecho bien

«Dios en nosotros, todo lo ha hecho admirable, y nos pide que hagamos oír a los sordos y hablar a los que – sin saberlo – permanecen mudos». ¡Cuántos, si saberlo, caminamos callados toda nuestra vida. Más allá de respetos y escrúpulos humanos que no responden a lo que Jesús hace y vive, hemos de superar y responder en todo aquello que no responde a Jesús, y que además crea en nuestra corazón un rechazo, un conflicto, un saber que – por no herir o no complicarnos la vida en todo aquello que sabemos que va a “chirriar” – permanecemos en silencio, no hacemos el bien que está en nosotros y que  Jesús nos pide hacer. Y la circunstancia que ha de ser superada y darnos la Paz de hacer lo que ÉL nos dice, se eternizará.

Es preciso que examinemos de cerca qué es lo que nos hace sordos. Si el pasado nos ha obligado a mantenernos sin oir, escuchemos y comprendamos lo que Jesús nos pide. Él reside en el fondo de nuestro ser, está tan cerca de nosotros y en nosotros, que nuestro ser, nuestra naturaleza, nuestros pensamientos, y todo lo que podemos nombrar, decir o comprender, están íntimamente presente como lo es y está en Él.

El Verbo nos habla sin cesar, pero nosotros no escuchamos a causa de la sordera que nos hemos provocado, dados nuestros miedos y circunstancias. Hemos sido golpeados en todas nuestras facultades hasta enmudecernos y no conocernos a nosotros mismos. Y nos ocurre que, queriendo hablar desde lo más íntimo de nosotros no lo hacemos, por no saberlo, por no conocer nuestra propia manera de ser… Esto provoca un “constante cuchicheo dañino” que, aún dándonos cuenta, no sabemos superar. Este desorden que mantenemos nos enmudece, creado por las cosas de este mundo – que nunca van a faltar – que nos hace inconscientes del mal que nos provoca. Y nuestra propia naturaleza, y todo lo que nos hace criaturas de Dios, se nos cae y no lo vivimos, sin saberlo.

Pero Nuestro Señor: mete su dedo sagrado en la oreja el hombre, y pone su saliva en nuestra lengua, y el hombre encuentra de Nuevo la Palabra, y hace todo lo que ÉL nos pide. Gracias, Señor.

Palabra de Dios

  • Que la Palabra de Dios habite en vosotros en toda su plenitud. Col 3, 16.
  • La Palabra es viva y eficaz y penetra hasta las junturas del alma. Hb 4, 12.
  • Pedid con Fe, o seréis igual que las aguas del mar. Stg 1, 6.
  • Aunque tu madre te olvidara, YO nunca te olvidaría. Is 49, 15.
  • ¿Quién, por nosotros creyó? Rom 10, 2-3; 14-15.
  • ¿Quién nos robó la Palabra? Is 52, 7
  • Y vio que todo era Nuevo Ap 21, 5.
  • Master sobre el Espíritu Sal 104 (103) 27 – 30.

Rema mar adentro, en el mar insondable de Dios

Mar adentro, siempre buscando el Espíritu, que constantemente nos hará comprender la misión NUEVA Y CONFIADA que nos aguarda cada día.

Él nos dará las fuerzas que necesitamos. Si no la vemos es porque nos conviene, para conocer lo que realmente quiere de nosotros y sigamos insistiendo hasta entenderlo. De lo contrario no avanzaremos. Y por mucho que creamos estar y entrar en “Sus Aguas” nos mantendremos en la orilla del no entender, de la desconfianza, del no conocer lo mucho que nos ama y quiere de nosotros para ser total y universalmente feliz, con todos.

Y cada vez más, estaremos más lejos de acercarnos al Cielo Nuevo que nos pide vivir con todos, aquí en esta tierra.

Señor. Haz que siempre – en Tu Nombre – eche las redes, y perciba que SIEMPRE me invitas a entrar más en tu Mar, en el que jamás sabré lo que me aguarda. Y todo, para acercarme más a TI y a lo que quieres y necesitas de mí.

Mar adentro, acercarnos más a tu sabiduría, dejarnos iluminar de tu presencia, fiarnos de TÍ. Nunca imaginé que pudiese descubrir lo que sin saber, me has hecho contemplar.

Seguirte no es una teoría, es una locura que constantemente pones en mi mente y en mi corazón.

Necesito darme razones de que “Creo en TI”… Me queda mucha pesca pendiente… Siempre queda algo pendiente de lo mucho que quieres para mí.